Batman Vol. 2 Nº 01
Batman Vol. 2 Nº 01
Guión: Grant Morrison/ Paul Dini Dibujo y tinta: Andy Kubert/ J.H. Williams III Color: John Kalisz/ Dave Stewart Editorial: Planeta DeAgostini Formato: Grapa, 48 págs. Precio: 2,95€
Habemus nueva serie de Batman. Tras el tomo Batman: Un Año Después, estamos de estreno por los cuatro costados. Estrenamos numeración, estrenamos formato (grapa, 48 pags.) y equipos de creativos con nombres de auténtico lujo. Durante los próximos meses nos encontraremos dos historias en cada tebeo de Batman. Una será la perteneciente a la serie americana Batman, con guiones del siempre controvertido Grant Morrison y dibujos de Andy Kubert, que se estrena en DC. La otra provendrá de la serie Detective Comics, por Paul Dini (una de las almas mater de la serie de animación de los noventa) y J.H. Williams III (Promethea, Seven Soldiers).
Viendo los nombres aquí citados y a pesar de que este último equipo creativo no es moco de pavo, todos los pronósticos apuntan a que la estrella de esta serie será la realizada por Morrison y el menor de los Kubert. No obstante, tras leer el tebeo la cosa no está tan clara.
De este modo, nos encontramos en la primera historia con un Batman que parece haber acabado con todas las amenazas habituales en Gotham. Nadie se imagina a Batman sentado en el sofá viendo un partido, así que tenemos claro que el guionista escocés se sacará algo nuevo de la manga y, hacia el final del capítulo podemos ver por dónde irán los tiros. Lo que vamos a encontrar entonces es la presentación de una saga y como inicio, digamos que se trata de una historia con un ritmo bastante tranquilo, aún carente de esas curiosas genialidades que suelen salir de la pluma de Morrison. Sin embargo, el guionista es consciente de que DC los a puesto a él y a Kubert para formar un rompetaquillas. Por eso, se las apaña para hacer una historia pensada a la medida del dibujante, con grandes momentos de drama y acción, propicios para las múltiples splash pages con las que se luce Andy Kubert. No obstante y, pese a que es sólo un principio que promete mejorar, el resultado casi llega a decepcionar. Es tal el estruendo que provoca pronunciar los nombres de los integrantes del equipo creativo, que leer de sus manos un comic que simplemente “promete” y que está plagado de artificios para intentar que no decaiga la acción, llega a desilusionar.
En el otro lado nos encontramos a Paul Dini y J.H. Williams. Este dúo nos trae algo totalmente distinto, una historia autoconclusiva que, si bien no termina con un enorme continuará que nos meta en el bolsillo para que aflojemos el nuestro al mes siguiente, ofrece un resultado más que satisfactorio. Dini escribe una historia con todos los ingredientes del Batman de toda la vida: villanos estrambóticos, secuaces, tramas detectivescas, en definitiva lo que a mi juicio debería ser una historia introductoria. El guionista se encarga de tejer un tapiz donde todos los elementos alrededor del Señor de la Noche quedan colocados en su sitio. En un sólo número nos deja claro quién es Batman y quién Bruce Wayne. Define qué es Gotham y demuestra que bajo su batuta puede ser que no veamos una de esas etapas memorables donde suceden hechos cruciales, de esos de la coletilla de “nada volverá a ser igual”. Contrariamente toma todos los elementos del personaje y nos deja ver que Batman puede seguir fiel a su espíritu tradicional y que lejos de estar gastado, aún tienen mucho que contar. J. H. Williams por su parte se luce con un trabajo en el que el diseño es la pieza clave. Cada página es una ilustración tan visualmente lujosa como las pudimos ver en Promethea, o quizá un paso por delante. El avance lo veríamos en el aspecto narrativo. Williams ha ganado experiencia y eso se nota, pero la diferencia entre ilustrar los abigarrados guiones de Alan Moore o Grant Morrison a encargarse de uno a cargo de Paul Dini es más que notable. Dini es un escritor mucho más tradicional y lineal, lo que ayuda a eliminar confusión a la narrativa del dibujante, puliendo ese fleco que aún le quedaba.
Antes de concluir la reseña si me gustaría remarcar un aspecto común a las dos historias y es que ambas comparten la característica de un Batman queriendo ser Bruce Wayne de nuevo. Da la impresión de que esto fuese una directriz editorial, pero en cualquier caso nos está devolviendo al mejor Batman.
En definitiva, quizá es pronto para juzgar pero parece que bajo en esta cabecera vamos a encontrar de todo y veremos mezclado el oficio y el espectáculo, la promesa explosiva y la solidez austera, la tradición y el impacto de un superventas... preparados para volver a disfrutar de Batman?
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Civil War o tiempos modernos
 Por fin ha llegado a España el primer número de la saga del año en Marvel. Todos los ingredientes para un éxito de ventas están incluidos en esta serie: Un guionista estrella, Mark Millar; un dibujante joven y hot; decenas de personajes y una promesa (que esta vez parece que va en serio) de que nada volverá a ser igual. Ya llevamos algunos meses a vueltas con el Acta de Registro de Superhumanos, una ley que obligaría a registrar con nombres y apellidos a cada superhéroe del universo Marvel. Una terrible catástrofe sucede y desencadena que los trámites para la aprobación de dicha ley se aceleren de improviso. A partir de aquí la comunidad superheroica Marvel se verá dividida en dos frentes: los partidarios del Acta, liderados por Iron Man, y los contrarios a ésta, liderados por el Capitán América. Y parece que no lograrán ponerse de acuerdo de manera pacífica. Si unos meses antes de salir esta serie, me hubiesen preguntado cómo sería el próximo gran crossover de la casa de las ideas mi respuesta se habría acercado bastante a lo que vemos en Civil War. La cuestión no es que sea más listo que nadie ni soy pariente de Nostradamus. El asunto es que los últimos superventas de Marvel se estaban basando en la idea que definirá el tebeo de superhéroes de la primera década de este siglo. Desde que Warren Ellis creara The Authority, son varios los guionistas que han seguido su estela a la hora de crear historias y Mark Millar es sin duda uno de ellos. Ya no se trata de hacer superhéroes realistas como en los 80. El realismo de aquella época se basaba en darles personalidades realistas más allá de las preocupaciones y los superproblemas de los 60 y 70, los héroes tenían ideologías propias, debilidades y, en los casos más extremos, hasta trastornos mentales. Esta década ha dado un paso adelante acercando el contexto a la realidad. La narrativa cinematográfica tan en boga hoy en día ha dado paso a unas historias también más cinematográficas cargadas de acción y cada vez más desprovistas del componente fantástico. Civil War acerca a los superhéroes a la política más de lo nunca se había hecho y sólo la idea de que todos los superhéroes se conviertan en un cuerpo semejante a la policía o los bomberos desproveen al superhéroe de la mayor parte de ese halo romántico que exhalaban. El mismo atractivo principal de este tebeo convierte a los superhéroes en algo radicalmente distinto a lo que tradicionalmente eran. La Marvel de los últimos años ha emprendido un viaje hacia la modernización de los superhéroes en una vertiente más dura y “realista” (en el sentido cinematográfico de la palabra) ¿Cuánto hace que no vemos una de esas batallas clásicas de Spiderman con el villano de turno? ¿Se parecen en algo los Vengadores actuales a los de toda la vida? ¿Qué ha ocurrido con la fantasía que destilaban los 4F? Marvel no parece consciente de que no se puede hacer real un concepto que es irreal por definición. Introducir elementos realistas en los superhéroes ayuda a portar cercanía en estos conceptos, pero tratar de hacerlos reales es mezclar churras con merinas. Pese al error de planteamiento, Mark Millar construye un tebeo de acción trepidante, como estamos acostumbrados a verle y si obviamos ciertos fallos de continuidad la historia se digiere casi sin darnos cuenta. Si le sumamos un McNiven con enfoque narrativo absolutamente espectacular (aunque algo estático en los momentos tranquilos), se trata, pese a todo de un tebeo muy entretenido. Sin embargo estamos ante una historia construida en base a ganchos publicitarios y pese a la habilidad de Millar eso se nota. Pese a ser por si mismo un tebeo con un nivel de calidad correcto, dudo que pase a la historia como algo más que un continuador de una corriente ya establecida. Etiquetas: reseñas
Blanco Humano: El usurpador
 Con unos dos años de retraso nos llega el final de esta serie en la que Peter Milligan, acompañado de una pléyade de grandes dibujantes rescataban del olvido a Christopher Chance, el hombre de las mil caras.
Lo que comenzó con una miniserie de 4 números con el desgraciadamente desaparecido Edvin Biukovic gozó del éxito necesario para una serie regular que ha durado hasta los 21 números, los últimos de los cuales tenemos recopilados en este tomo de Planeta.
Arrancamos suave con dos historias autoconclusivas donde una mujer debe aprender las artes del Blanco Humano para sobrevivir a la mafia y una de esas historias con cierta carga crítica que tanto le gustan a Milligan, en este caso poniendo al descubierto lo peor de esa fiebre antiislámica que arrasa los Estados Unidos. Estos dos capítulos son pasados a imágenes por los dibujantes Cameron Stewart (Seaguy) y el canario Javier Pulido. Mientras Stewart se nos muestra correcto, pero discreto, como es habitual, Pulido se hace una de Juan Palomo y se adjudica los lápices, las tintas y hasta el color con ese estilo rompedor hacia el que ha ido evolucionando y tan extraño de ver en el panorama mainstream, dejando poco a poco aquellas influencias deudoras de Alex Toth y encaminándose a una estética mucho más indie, donde el aspecto compositivo y narrativo ocupan el primer plano.
Y con esto llegamos a la historia principal de Blanco Humano: El Usurpador. Milligan, acompañado de Cliff Chiang juega a cerrar el ciclo y retoma la idea con la que se iniciaba la serie y que se ha constituido en Leitmotiv de ésta. Christopher Chance no sólo es el hombre de las mil caras, sino el hombre de las mil identidades, con todo lo que eso conlleva. Cuando Chance se mete en la piel de otra persona, no actúa, se convierte en esa persona hasta tal punto que las secuelas psicológicas no son sencillas de eliminar. Llega incluso a dudar de quién es y lo mismo ocurre con Tom McFadden, su ayudante también rescatado del olvido de las viejas historias de Len Wein y Carmine Infantino.
McFadden, a quien no veíamos desde el principio de este revival, vuelve para reclamar el sitio de Chance. En esta serie ya nadie es quien dice ser, nadie es quien resulta ser y lo que es peor nadie es quien cree ser. Peter Milligan se retira dejando la puerta abierta a futuras historias y dejando una conclusión a modo de moraleja. Christopher Chance se despide diciendo “Todo se reduce a una cosa: no sé quién soy. Y lo que me asusta … lo realmente jodido es…que no sé si me importa”
Tenemos un digno final fiel al espíritu de la serie y que alterna el thriller, los devaneos psicológicos y la acción con un equilibrio no muy habitual en este guionista británico, que tiende a enrollarse más de la cuenta. Por su parte, Ayuda el dibujo claro de un Cliff Chiang que se cuida de poner atención a dónde trazar una línea y dónde una mancha para lograr tanto la absoluta legibilidad, como el dramatismo o el dinamismo que requiere la acción.
A la hora de escoger una obra de Peter Milligan, la cosa suele estar complicada ya que podemos encontrar grandes obras como Enigma o Girl, historias que pierden fuelle con el paso del tiempo como Shade o incluso bodrios como los X-Men o aquella Elektra noventera. Para un Milligan mesurado y con calidad, acercaos a esta historia de género negro no del todo habitual.
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Superman: Un Año Después
 Si el pasado jueves como empezaba la carrera post 52 del Caballero Oscuro, hoy le llega el turno al Hombre de Acero. Al igual que en el primero, Superman: Un Año Después recopila un arco argumental de ocho números en los que las series Action Comics y Superman se cruzan en una sola historia, en este caso, bajo la batuta literaria compartida de Kurt Busiek (Superman: Identidad Secreta) y Geoff Johns (Crisis Infinita), dos auténticos expertos en escribir tebeos de superhéroes puros y duros y con el saborcillo clásico que requiere esta nueva puesta a punto. Dibujan Renato Guedes (Superman) y Pete Woods (Action Comics), dos dibujantes de línea clara al servicio de la historia. La acción arranca de modo que bien podría titularse Metrópolis: Un Año Después, Clark Kent: Un Año Después o incluso Lex Luthor: Un Año Después. Tras Spoiler el sacrificio de los superpoderes para acabar con Superboy Prime en Fin del Spoiler Crisis Infinita ponemos el primer plano en un intrépido reportero llamado Clark Kent que demuestra no necesitar a Superman para enzarzarse en aventuras de todo tipo y salir airoso. Pero Lex Luthor ha vuelto al primer plano y tener a la opinión pública en contra no le sentará nada bien y su venganza pude requerir algo más de lo que Clark es capaz de dar. Podemos suponer que un tomo titulado Superman: Un Año Después, nos traerá algo más que a Kent, Lois, Jimmy, Perry y compañía y que además hará falta algo más contundente para frenar la inmensa galería de villanos que desfilará por estas páginas. Atención, tendremos nada menos que a Luthor, el Juguetero, el Bromista, Metalo, el Hombre de Kryptonita, Intergang, el “Circo de Pulgas”, Neutrón, Radión, Rompecabezas, Livewire, Silver Banshee, Bloodsport, Hellgramite, Disturbio y hasta al Dr. Virus y su infame Kryptococo, el omnigermen. Estamos acostumbrados a que cuando en un solo arco argumental la afluencia de villanos es tan numerosa, se debe normalmente a que son meras excusas para desarrollar otra trama. En este caso Busiek y Johns aprovechan para hacer las presentaciones y dejarnos todo en su sitio listo para empezar. Así, de paso que nos presentan la galería de villanos, perfilan a Clark Kent a través de su relación con ellos. Lejos de un ejercicio de introspección en primera persona, Clarkse va definiendo a través de su entorno y lo conocemos mejor a través de los ojos de estos villanos o de Lois, Jimmy o Perry y es esta la manera de conocer a Superman. En el hombre de acero no podemos ver una dicotomía tan fuerte entre identidades como la de su colega de Gotham. Clark Kent y Superman son la misma persona, son los demás los que los ven como entes distintos. Sólo Lois sabe y acepta la verdad, pero aún así no puede evitar tratarlos de modo diferente. Esta será la base de la historia en la que Busiek y Johns sorprenden por su habilidad para cargar de información cada pincelada sobre el personaje y colocar cada cosa en su sitio: Krypton, Metrópolis, El Planet, Luthor y el resto de los villanos. Clark, Superman… una historia típica de venganza de un gran villano sitúa cada aspecto del personaje donde debe de una manera tan competa que parece imposible. Sucede en este tipo de tebeos de superhéroes lo que podemos ver en algunos clásicos del cine, donde un argumento aparentemente simple encierra una pericia fuera de lo común, sin duda mucho mas allá que muchísimos de esos tebeos “de autor”. Es esto lo que hace grandes los comics de superhéroes y no podemos por menos que alegrarnos de que en DC se hallan dado cuenta y estén trayéndolo de vuelta. La presencia de dos dibujantes competentes, pero lejos de ser estrellas no hace sino reforzar este hecho. Lo importante es traer el personaje de vuelta y dejar todo atado para volver a contar un sinfín de historias, más allá del lucimiento personal. Será a partir de ahora, cuando todo está atado y bien atado, el momento en el que se permitirán incluir nombres más "estelares", como Adam Kubert o Carlos Pacheco. No puedo menos que ser pesimista, acerca del futuro de DC, dado que creo que les va a ser realmente complicado seguir el nivel de calidad con el que nos están deleitando últimamente. Crucemos dedos y disfrutemos este momento de resurgimiento del género de superhéroes. Etiquetas: reseñas
Batman: Un Año Después
 Hago honor a esta fama de aparecer y desaparecer como el Guadiana que me estoy ganando a pulso y, aunque algo antes de un año después (como el personaje que nos ocupa), vuelvo retomar el pulso. Planeta nos obsequia (quizá no es el término más adecuado para los 12,95 € que cuesta) con este tomo que recopila la primera saga del Caballero Oscuro Un Año Después de la Crisis Infinita. El tomo agrupa los cuatro primeros números de las series Batman y Detective Comics. En total ocho números bajo la batuta literaria de James Robinson y los dibujos de Leonard Kirk (Detective Comics) y Don Kramer (Batman). Batman: Un Año Después nos presenta una típica historia detectivesca con sus asesinatos (algunos bastante importantes), sus revelaciones finales, sus momentos de tensión y otras sorpresas, como el retorno de un importante personaje, es decir una de esas historias como habremos leído cientos. Sin embargo, esta saga se lee con sumo agrado de principio a fin y la razón no es otra que su guionista, James Robinson. Robinson (Starman, La Edad de Oro) es un verdadero artesano en esto de escribir tebeos. Puede que no sea uno de los grandes maestros o que no tenga esa capacidad para provocar y crear modas de los guionistas del “candelabro” actual, pero si necesitas garantía de una historia sólida, entretenida y con oficio, James Robinson es tu hombre. Conoce tan bien a los superhéroes como los rudimentos y trucos de la profesión y en su cabeza todo esto son ingredientes que va trenzando artesanalmente como si fuera una pieza de mimbre. De hecho, viendo el gancho comercial de los nombres que vienen a continuación (Grant Morrison y Paul Dini), da la sensación de que esta historia fuera una transición hasta que estos autores estuvieran disponibles. Sin embargo, el editor, consciente de que un relanzamiento de estas características no podía basarse en un mero relleno, acertó de pleno al contar con Robinson. Una lástima que sus ocupaciones en otros medios lo mantengan más alejado del comic de lo que muchos quisiéramos. Batman: Un Año Después muestra un Batman si no menos oscuro, como reza el prólogo, menos maquiavélico y hosco. Este Batman muestra preocupación por Robin, se disculpa y, como llega a decir en el comic, trata de “deshacer errores pasados” y necesita “esperanza”. Es al fin y al cabo un Caballero Oscuro más acorde al icono de héroe al que nos tiene acostumbrados DC, pero con su mismo halo oscuro y misterioso. La renovación la explica el mismo murciélago cuando le dice al Espantapájaros “¿Es que no entiendes que me he enfrentado a un terror que un desgraciado como tú nunca podría imaginar… y lo he superado?”Los dibujantes Leonard Kirk y Don Kramer cumplen con su cometido y son del todo correctos, pero sin el gancho de los que vendrán después (Andy Kubert y JH Williams) y, sobre todo sin llegar a estar a la altura del guión. No hay nada específico que reprochar a su tarea, salvo quizá un punto más de fuerza visual. No dejan de ser, como Robinson, artesanos pero sin el nivel de acabado de éste. Una pequeña pega es que el salto temporal se produce cuando 52 aún se está publicando y hay demasiadas pistas para descubrir uno de los secretos de la serie semanal. La fórmula de recopilatorio de Planeta nos une cuatro meses en uno y quizá con tan sólo dos números de 52 publicados, en lugar de los diecipico que llevaban en yankilandia para el final de esta saga, destripa algunos misterios quizá con demasiada rapidez. Por lo demás, estamos ante una historia que nos trae de vuelta a un Batman más “como el de siempre” y se le sumamos el regreso al reparto de personajes como el Comisario Gordon, Harvey Bullock o Harvey Dent podríamos decir que “Un Año Después” es casi “Unos años antes”.Etiquetas: reseñas
S. de Gipi
 A la hora de decantarse por la compra de un comic europeo, es común escuchar la dificultad para hacerse con información que nos pueda orientar sobre lo que vamos a leer. Esta es la razón por la que está bastante extendida la práctica de seguir autores concretos. El italiano Gipi es uno de los que merece la pena no perder de vista. En S, la última historia que nos ha traído Sinsentido, el autor nos trae una historia autobiográfica en primera persona a medio camino entre la realidad y la ficción. En S. Descubrimos hacia la mitad del tomo a quien corresponde la inicial. A través de S, Gipi nos guía a través de una serie de historias saltando en el tiempo desde la segunda guerra mundial hasta la actualidad. El autor intercala sus propias vivencias con las historias adquiridas a través de sus propios familiares, con todo lo que eso conlleva. Gipi nos cuenta algunos capítulos significativos de la vida de S tal como el los escuchó y ya sabemos que el tiempo tiende a cambiar la historia hasta hacer confusa su frontera con la fábula y mostrarnos este hecho parece ser el leitmotiv de esta obra. S deja de manifiesto que puede ser más importante la respuesta emocional de una historia más allá de la veracidad de ésta y se puede decir que esta emotividad se consigue de sobra, sin por ello caer en la sensiblería. El comic comienza sin que tengamos ni idea de quien es S de forma que, cuando lo descubrimos hacia la mitad, nos hayamos familiarizado lo suficiente como para sentirlo cercano y recibir su historia con la carga personal que ello requiere. Si hay algo en lo que realmente destaca Gipi es en esa habilidad para lograr la implicación personal del lector a través de la técnica narrativa. Gipi brinda una obra con una estructura a medio camino entre el comic y el relato ilustrado con viñetas panorámicas y narración en off, sugiriendo desde el principio que pese a la crudeza de algunos de los pasajes debemos percibir la obra como una especie de cuento cuyo propósito iremos entendiendo con su lectura. Para el italiano el recuerdo con todas sus novelaciones es mucho más importante que los hechos. La narración en presente o la impersonalización de los personajes nos adentran en la historia para pillarnos desprevenidos hasta que es demasiado tarde para alejarnos de ella. Sea cual sea el momento en el que se emplazan las historias Gipi narrará en presente engañándonos para creer que estamos viviendo una realidad que podría no ser cierta. Lo curioso es que hablar de personajes que terminan revelándose como cercanos con denominaciones como “S” o “la novia de S” debería tener un efecto contrario al de narrar en presente, es decir, un alejamiento con respecto de los personajes protagonistas del relato, pero el efecto es bien distinto. Si bien iniciamos este tomo ante unos personajes lejanos, son sus propias vivencias las que nos acercan a ellos, se nos van presentando poco a poco y sólo en ese momento Gipi revela su cercanía con ellos, sólo cuando nos han sido presentados correctamente. Todos estos detalles unidos a los textos en primera persona consiguen convertirnos en el mismo autor y recibir la historia trasladándonos a su prisma de visión. Sería bastante extraño que, viniendo de un solo autor, tal calidad en el guión no estuviera respaldado una misma solidez gráfica y, lógicamente, este no es el caso. El uso del color, los distintos grados de esquematización o el selectivo uso de los bocadillos siguen actuando como herramientas al servicio de la historia. A través de ellos percibimos cuando sucede cada historia y casi se podría decir que nos sugiere como deberíamos afrontar cada parte de la historia, dejando caer sutilmente que algunas cosas podrían no ser reales del todo, con su veracidad empañada por el paso del tiempo o un determinado sentimiento, pero dejando claro que puede no ser la realidad lo que nos interesa del todo. Salvando el obstáculo de un estilo de dibujo que puede producir un ligero rechazo inicial para aquellos que no estéis acostumbrados a este tipo de comic, una de las mayores cualidades de Gipi se basa en que despliega todo este abanico de recursos narrativos de una manera natural, lejos de ese afán de lucimiento de otros autores experimentales. Cada recurso se intuye más que percibirse haciendo de la lectura de S algo fluido y accesible. Merece la pena dar una oportunidad a este tomo que podría pasar desapercibido entre la avalancha salonera. Etiquetas: reseñas
Al mejor postor
 Al mejor postor es el título de una de las historias que conforman este recopilatorio de relatos cortos de Víctor Santos. El valenciano elige este formato para desplegar una serie de ejercicios narrativos poniendo de manifiesto que en muchas ocasiones puede ser más interesante cómo se cuenta una historia más allá del propio relato.
Al mejor postor, Cuento de Invierno, Dinero fácil, un Beso Envenenado y Lap Dancing son los títulos que nos brinda este tomo, relatos cargados de todos los tópicos reconocibles del género negro, jugando con ellos para que lector reciba la narración con facilidad y poder explayarse en toda una serie de recursos gráficos. Si hemos seguido de cerca la obra de este joven pero prolífico autor, ya sabremos que este género es una de sus grandes filias y que se siente más que cómodo entre tipos duros, femmes fatales y acción a raudales. Puede ser precisamente esta comodidad la que hace surgir de sus mejores artes como narrador. Para Víctor Santos los marcos de la viñetas nos no meros contenedores de dibujos y escenas, sino que tienen tanto que contar como los propios dibujos y el texto.
Al mejor postor se convierte así en un muestrario de las mejores cualidades de Víctor Santos, donde las influencias de Frank Miller o Bruce Timm a las que ya nos tiene acostumbrados van tomando lo mejor de otros que se comenzaban a entrever en otras obras, como Paul Grist o Eduardo Risso, en una mezcolanza donde paradójicamente las influencias visibles conforman un estilo totalmente personal y reconocible.
No esperéis enrevesados y complejos argumentos ni diálogos floridos, primero por que se trata de historias de entre 3 y 14 páginas y segundo porque ese no es el estilo de Víctor Santos. Este autor tienen predilección por la acción, los diálogos directos y las escenas crudas. Si acaso la complejidad de sus guiones está en el juego de tópicos y homenajes, pero en sus historias todo es tan blanco y negro como en sus dibujos.
Son estos dibujos, sin embargo, donde la apariencia simple y esquemática que parece salir de sus manos con total soltura encierra todo un juego calculado, donde las figuras los fondos, los encuadres, la propia rejillas de las viñetas y hasta el detalle más nimio nos da el tiempo narrativo, el punto de vista y hasta la actitud con la que afrontar cada escena.
Habremos oído mil veces que algunas de las películas de la historia salieron de guiones sencillos y normalmente de acción como son los casos de John Ford o Sam Peckinpah, por citar algunos grandes. Víctor Santos es consciente de ello y demuestra como la más pequeña de las anécdotas puede convertirse en una gran historia si sabe cómo contarse.
Personalmente, creo que merece mención a parte la historieta de cierre del tomo, Lap Dancing, donde el título ya nos adelanta que vamos a asistir a toda una coreografía en catorce páginas sin diálogo, todas y cada una de ellas con una rejilla de veinte viñetas regulares en la que se sirve del juego del maletín que pasa de mano en mano para brindarnos un juego narrativo realmente espectacular.
No se si os habréis percatado de que en esta reseña repito constantemente la palabra “juego” y es que no creo que haya mejor manera de definir un trabajo tan rápido y efectivo como el de Víctor Santos. Da la impresión de ir descubriendo casi por el camino, de una constante pasión por probar nuevos hallazgos y como si nunca se le acabara la diversión de ir algo más allá. Pueden ser imaginaciones mías, pero creo que a un autor se le nota cuando se lo está pasando bien haciendo su trabajo y parece que Víctor Santos es un ejemplo perfecto de ello.
Concluyo, pero no sin antes comentar a todos aquellos que viváis cerquita de Bilbao, que mañana viernes tendremos la oportunidad de verle en la Librería Zinco (Gregorio de la Revilla, 33, Bilbao) para presentar tanto esta obra como Bull Damn City : El día de la zarigüeya, que realiza también para la línea Siurell de Dolmen con otro montón de geniales autores patrios. Os espero allí.
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Reseñas de ayer y hoy: Paracuellos
 Como ya os comenté hay en marcha un propósito de enmienda que trae algunos cambios y la vuelta de la regularidad de este blog. Aunque "las obras" no estarán terminadas hasta septiembre, con el inicio de lo que podríamos llamar la "tercera temporada", ya podréis ver alguna pequeña novedad como puede ser esta Reseñas de ayer y hoy. Esta sección surge por dos motivos: el primero es que las reediciones han ganado tal importancia en el mercado que no me parece justo dejarlas sin reseñar, por mucho que hayáis podido leer sobre ellas y el segundo es que me servirá como excusa para poder hablar de tebeos de siempre, hayan sido o no reeditados. Sin más dilación comenzaremos por una de las obras cumbres del comic español como es Paracuellos de Carlos Giménez, más de moda que nunca por la edición de Random House Mondadori con polémica con el precio incluida. Paracuellos es el título de los 6 tomos que Carlos Giménez realizó entre 1977 y 2003 y en los que contaba sus propias vivencias en los distintos hogares de Auxilio social durante su infancia en la posguerra. No cabe duda de que pese a tratarse de hechos reales, la obra los cuenta de modo bastante novelado para su mejor entendimiento, para adaptarse a la estructura de capítulos cortos y para conseguir en más de una situación una sonrisa algo amarga por parte del lector. No obstante, dada la juventud de la mayoría de quienes leéis esto tendréis que recurrir a padres y/o abuelos para poder situaros en esta época, pero las historias de Carlos Giménez en Paracuellos consiguen la estética perfecta para aquellas historias que me contaban mis abuelos del estraperlo, los falangistas, los curas, la picaresca para poder comer y todos los ingredientes de una época que ha sido ya tratada hasta la saciedad en otros medios que necesitaba una plasmación en el comic que pudiera servir como estandarte. Ya que decidir lo mejor de una obra tan grande sería bastante arrogante por mi parte además de muy difícil, diré que lo que más me fascina de Paracuellos es que guión y dibujo son una única arma para conseguir una extraña sensación en quienes lo leemos. Carlos Giménez consigue hacernos sentir culpables por arrancar nuestra sonrisa en momentos realmente tristes, como cuando algunos de los niños son maltratados o les ocurre alguna desgracia. No parece, sin embargo, que sea la intención del autor cargarnos con culpa alguna, sino de algún modo explotar la comicidad de una época triste para que podamos sonreír, sin perder por ello la noción de los difíciles tiempos sobre los que estamos leyendo, casi tal como se lo podría tomar uno de los niños protagonistas.  El dibujo no hace sino acompañar y fortalecer este sentimiento presente en toda la obra. Giménez usa un estilo algo más caricaturesco que el de otras de sus obras dirigidas a otros géneros como la ciencia-ficción. Así las facciones de los rostros y el conjunto del físico de cada personaje nos transmiten tantas sensaciones como el diálogo o la propia historia. Los rostros desencajados de las guardadoras e instructores, los ojos tristes y famélicos de los niños, el uso exagerado de onomatopeyas y líneas cinéticas son herramientas perfectas para contar esta historia como sólo se puede hacer en el medio del comic. Puede suceder de todos modos, que cuando hablamos de una obra de este calibre, haya quien puede llegar a sentirse intimidado a probarla si no la conoce, pero Paracuellos es por su estructura de tira corta tan profundo como accesible, uno de esos tebeos que se disfrutan a multitud de niveles y susceptibles de ser leídos una y otra vez. Podríamos obviar su valor histórico o su valor en el comic español. Podríamos obviar la calidad con la que está escrito y dibujado. Podríamos incluso no prestar atención a las anécdotas ni a sus personajes y aún así veríamos alguna otra cosa que haría de Paracuellos la obra maestra que es, sencillo a la vez que completo, dramático a la vez que cómico, trascendente a la vez que nada pretencioso, en definitiva, uno de esos tebeos que salen una vez cada muchos años. Etiquetas: ayer y hoy, reseñas
Sleeper: Segunda temporada
Guión: Ed BrubakerDibujo: Sean PhillipsEditorial: NormaFormato: 144 págs. c.u.Precio: 12 € c.u
Cuando Planeta publicó la primera serie de Sleeper ya hace tres añitos, recibimos la fatal noticia de que no pensaban editar la segunda serie que continúa la saga, Sleeper: Season Two (como en la series de televisión). Afortunadamente, con el paso de los derechos de Wildstorm a Norma las tornas han cambiado y ya podemos verla integra en castellano en dos tomos: Una línea borrosa y El largo camino a casa.
Si habéis leído la primera temporada, ya sabéis que Holden Carver es un agente de O.I. que bajo el mando de John Lynch se infiltra en la organización criminal de Tao. El problema es que Lynch es el único que sabe de qué lado está Carver y cae en coma al ser tiroteado. A partir de ahí nos morderemos la uñas mientras Holden Carver trata de comportarse como un criminal sin saber si realmente se está convirtiendo en uno y a nosotros lectores nos mantendrán con un continuo “que no lo pillen” en la cabeza. Finalmente cuando Carver parece haberse asentado, la última viñeta del último número nos deja un tremendo continuará que será la premisa de la segunda serie.
Si en la primera, nuestro protagonista parecía no decantarse por un bando en concreto, en estos dos tomos se decidirá por ambos. El mayor atractivo de esta historia será ver como Carver intenta jugar a un juego a dos bandas que desde el principio podemos percibir que le viene grande. Ed Brubaker jugará a que el lector se sienta Carver y vea como una enorme bola de problemas rueda detrás nuestro y por mucho que la veamos no podemos hacer más que correr y no sabemos si eso bastará. Hay ciertos estereotipos cercanos con los que el lector se puede identificar con facilidad, pero el merito de Brubaker consiste en hacer que nos pongamos en la piel de un agente secreto superpoderoso como si tal cosa y sintamos esa angustia como nuestra, que sintamos que no podemos confiar en nadie y veamos de antemano que reinventar las reglas del juego no necesariamente nos hará ganar. El truco de Brubaker es dejar que Carver se vea superado por lo que tiene a su alrededor, crear una atmósfera tan potente y bien construida que desde el principio nos deje claro que es ella quien lleva la riendas y no el protagonista ( o nosotros). Cada vez que Carver (o de nuevo nosotros) cree saber algo le da la vuelta al argumento y nos vuelve a dejar descolocados. Sabemos que de un modo otro habrá un final y sabemos que una historia de género negro y que nos habla constantemente de la doble moral no puede acabar bien para nuestro protagonista. Sin embargo, pienso que Brubaker es consciente para saber que el lector ha cogido cariño a Carver y no admitirá un final infeliz. Bru vuelve conseguir el más difícil todavía con un final que abarcará las dos opciones, pero ya veréis cómo.
Afortunadamente en el apartado gráfico de esta segunda temporada corre a cargo de Sean Phillips, autor de la primera parte que mantendrá la coherencia a través de su característico estilo suelto y de grandes contrastes lumínicos, ideal tanto para las escenas de atmósfera más íntima como para la más trepidante acción. Otro rasgo que ya podíamos ver en la primer parte de la serie es como Phillips monta unas viñetas sobre otras de tal y cómo todas ellas se inscriben en una mayor. Lo curioso de este recurso es su polivalencia, ya que en ocasiones es usado para dar sensación de simultaneidad, en otras actúa como un contenedor que parece comprimir la acción desasosegando al lector, otras acentúa un determinado momento dándole el espacio principal y tantas otras como se le ocurran. Si ya en otras series habíamos visto que funcionaba a la perfección como ilustrador y que no desmerecía en absoluto como narrador, en Sleeper aporta el toque de calidad que ponen a Sean Phillips en uno de los escalones más altos en cuanto al dibujo de comics actual.
Tanto Bru como Phillips tienen otras obras que les llevarán a un mayor escalafón del estrellato como Capitán América o X-Men, el primero, o Marvel Zombies, el segundo, pero aún no tienen ninguna otra obra que se pueda comparar a Sleeper y probablemente sea esta obra con la que pasen a la Historia del comic.
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Invencible: Cosas de la vida
Guión: Robert KirkmanDibujo: Ryan OttleyEditorial: Aleta EdicionesFormato: 168 págs.Precio: 15 €No me parece muy arriesgado decir que Robert Kirkman es el gran hallazgo de los últimos años en cuanto a guión de comics de superhéroes se refiere. Pese a que quizá haya gozado de mayor difusión con su trabajo para Marvel en Ultimate X-Men o Marvel Zombies, el bombazo que lo ha llevado definitivamente al estrellato, es en obras como los Muertos Vivientes, el incomprensiblemente inédito Battle Pope o este Invencible donde podemos ver de lo que realmente es capaz. Ajeno a la corriente revisionista del héroe que han llevado a cabo en esta década cabezas visibles como Mark Millar o Warren Ellis, Kirkman nos ha demostrado que no hace falta remodelar nada en los superhéroes de toda la vida, tan sólo hacen falta unas cuantas ideas frescas y mucho cariño al género. Invencible nos cuenta las andanzas de Mark Grayson, un adolescente hijo del Superman de su universo que descubre sus poderes y se sumerge de lleno en el mundo de los superhéroes. Es cierto que estamos de nuevo ante el clásico de Stan Lee de “superhéroes con superproblemas” y que no deja de ser una nueva vuelta de tuerca al tópico de alternar la acción superheroica con los problemas adolescentes, pero creedme que en manos de Robert Kirkman y Ryan Oatley funciona como si acabaran de crear el concepto. No estamos ante una idea original, pero si ante una serie de planteamientos frescos y resueltos con inusual habilidad para ofrecernos uno de los comics más entretenidos del mercado. En el tomo que nos ocupa, Mark inicia una nueva vida tras ciertas desavenencias familiares que no puedo contar sin destripar nada (lee los tomos anteriores, no te arrepentirás). Ahora se alternan sus misiones para el gobierno con su nueva vida en la universidad, la relación con su novia Amber, sus amigos, las conspiraciones villanescas, la situación de su madre o hasta las aventuras de Allen el Alien. Todo un cúmulo de subtramas manejadas con el saber hacer necesario para hacerlas no sólo inteligibles, sino de lo más interesante. Me resulta tan extraño como difícil explicar como un comic con un esqueleto tan visto puede darnos tantos nuevos enfoques y sobre todo cómo el equipo creativo consigue que convencernos de que este tipo de tebeo no sólo no está gastado, sino que aún está por dar lo mejor. Pero aunque podría seguir hablando de las maravillas de Kirkman, este tebeo se quedaría muy cojo sin lo sencillos, pero increíblemente efectivos dibujos de Ryan Oatley. Comenzó siguiendo la pauta gráfica del creador gráfico de la serie, Cory Walker, pero poco a poco va tomando una identidad propia a la vez que advertimos como este joven dibujante no deja de mejorar. Su estilo de línea clara y sin apenas mancha negra no sólo aporta gran parte de la abundante dosis de frescura que nos ofrece Invencible, sino que guía la mirada del lector de manera tan sutil que resulta raro que hablemos de un dibujante de tan poca experiencia. Quizá no podamos ponerle a la altura de los grandes maestros de la narrativa gráfica, pero domina a la perfección los trucos del oficio: los puntos de vista, las expresiones, la secuenciación… Echadle un vistazo a los bocetos que trae la edición de Aleta parea saber de qué hablo. Estamos pues, ante un equipo que aunque quizá no pase a la historia nos dejan claro que los trucos del género de superhéroes sólo están gastados si no se saben manejar y que se compenetra como si fueran un solo autor. Lo que tenemos en definitiva es un tebeo perfectamente disfrutable para alguien que quiera introducirse en los superhéroes, pero que el aficionado de toda la vida disfrutará, si cabe, aún más. Etiquetas: reseñas
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